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CUMPLEAÑOS DE IGNACIO EN RETIRO ESPIRITUAL.

 

 
 

Manresa, Julio de 2010

Queridos
BARTOLINOS Y BARTOLINAS
Colegio Mayor de San Bartolomé
Bogotá

“La gracia y amor verdadero de Jesu Cristo Nuestro Señor sea siempre en nuestros corazones y aumente cada día hasta la consumación de nuestra vida. Amen”

Muy queridos en Jesucristo Bartolinos y Bartolinas reciban mi saludo lleno de afecto y de gratitud, especialmente por la invitación que me hacen para celebrar, en este mes, un aniversario más de mi vida en el Señor.

Siento mucho no estar presente para los festejos que están preparando para esta efemérides que, para mí, no es otra cosa que la presencia amorosa del Dios que ha querido tomar posesión de mi corazón y que me ha conducido, por

su Espíritu, a caminos de profunda felicidad. Iba a decir: a caminos de inmensa santidad, pero no les quisiera dar la impresión de que la Santidad es para algunos de nosotros y que no es asunto de todos ustedes.

Puesto que no se me pasa por alto que este mes de Julio es el tiempo en que ustedes, con inmensa bondad y cariño, me recuerdan y hacen memoria de mi vida, he querido escribirles esta carta para compartirles mi gratitud a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo “por tanto bien recibido, por sus dones de creación, de redención y todos los beneficios particulares” [EE 234] que me ha brindado a lo largo de mi vida. Sé que Ustedes se reúnen en el Colegio para elevar una plegaria agradecida a nuestro Padre Dios  por mi vida, por mi legado ignaciano o por la riqueza espiritual que humildemente he ofrecido a la Iglesia. Sé que participan en el Colegio de diversas actividades para recordar mi nombre y mi obra y lo hacen por medio de Eucaristías, exposiciones, carteleras, concursos sobre mi vida y un sinfín de actividades, fruto de la rica creatividad propia de la juventud.

Pues bien, cuánto me agradaría estar ahí, de cuerpo presente, para disfrutar de unas deliciosas jornadas junto a la alegría de ustedes; sin embargo, solamente estaré presente y muy cercano a cada uno y cada una, en el espíritu de Cristo Resucitado. La verdad es que he querido celebrar mi aniversario dándome una vuelta por Manresa, ese lugar entrañable para mí donde pasé largas horas de oración, por allá en el año de 1522, en la intimidad de una de las cuevas que va dejando el río Cardoner, al paso de las aguas durante tantísimos años de su lento transcurrir por esa naturaleza bella de la región de Cataluña.

Como bien saben, sin querer adelantarme al Espíritu, me dejé conducir por El a este lugar apartado, silencioso y lleno de paz, para reflexionar sobre mi vida pasada, para escuchar la voz de Dios Padre en lo más íntimo de mi corazón, para crecer en el conocimiento interno de Jesucristo, mi supremo Señor y Capitán, que desde mi casa paterna de Loyola, pero más hondamente en el silencio de Manresa, me invitaba a  su seguimiento.

He querido volver a Manresa para tener unos días de Encuentro con Cristo, para disfrutar de un Retiro sereno y tranquilo y volver a hacer unos cuantos Ejercicios para bien de mi Espíritu. Estaré, por consiguiente, alejado de toda celebración, para celebrar mi vida en la intimidad del diálogo con Jesús, mi Señor y Supremo bien. Serán unos días en los que aprovecharé para repasar mi vida, mis actitudes, mis debilidades, mis incoherencias y las omisiones frente al amor que Dios me manifiesta cada día. Serán unos días, sin duda, para renovar esa petición constante que he mantenido en mi vida: “Señor, concédeme la gracia de conocerte internamente, para más amarte y seguirte” Se que los diversos “ejercicios espirituales” que haré en estos días, en medio de mi retiro me serán de mucho provecho para ese “encuentro con Cristo” diario que he querido implementar en mi vida.

Bueno, queridos Bartolinos y Bartolinas, creo que debo pedirles disculpas por querer explicarles estas intimidades mías. No me resisto al deseo de transcribirles un párrafo de la carta que dirigí al  P. Manuel Miona S.J., el 16 de noviembre de 1536, exhortándolo a que hiciera los Ejercicios Espirituales. Como sé que a veces el lenguaje del siglo XVI es un poquito enredado para Ustedes, la “traduzco” para mejor comprensión:

“Tengo muchos deseos de responder a tanto amor y voluntad como siempre me has tenido y me lo has mostrado en obras, y como yo hoy en esta vida no sepa en qué forma te pueda retribuir, lo mejor que te puedo ofrecer es manifestarte el deseo de que te pongas por un mes en ejercicios espirituales, con la

persona que te nombren, como tú mismo me lo has manifestado, por servicio de Dios Nuestro Señor (…) Hoy te lo pido con todas mis fuerzas, que hagas la experiencia de ejercicios espirituales, porque ellos son todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos”.

Queridos amigos todos: ¿qué otra cosa podría decirles hoy? Simplemente que me alegro que haya muchos hermanos míos jesuitas y muchos laicos y laicas profundamente convencidos de esto que le decía al P. Miona. No dudo que puedan surgir temores en Ustedes respecto al tiempo que deben dedicar, al silencio profundo que hay que guardar en ellos para más aprovecharse, a encontrarse con ese yo profundo y a veces desconocido de cada uno de ustedes. Corran la osadía de dedicarse un tiempo para ustedes y les aseguro que jamás se arrepentirán. Se los digo con el convencimiento de que para mí, retirarme nuevamente a mi Cueva de Manresa es el mejor regalo que me puedo dar a mi mismo para celebrar mi aniversario.

Quiero dejarles una inquietud ¿Qué ha significado para ti la experiencia de Encuentros con Cristo, o la experiencia de los Ejercicios Espirituales que hacen en el grado once?

Termino esta carta como lo solía hacer en muchas de mis cartas a los amigos más queridos: “Quedo rogando a la Santísima Trinidad por la su infinita y suma bondad nos dé gracia cumplida, para que su santísima voluntad sintamos, y aquella enteramente la cumplamos”

Todo vuestro en el Señor.
Iñigo de Loyola.

Ferdi., S.J.